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  • 25Jul

    En este punto de la serie de artículos dedicada a los calendarios puede interesar detenerse a estudiar el origen de los nombres asignados a distintos periodos del nuestro, que proceden en su mayoría, como cabría esperar, del calendario romano o juliano. La mitología lo atribuye a Rómulo, y originalmente constaba de diez meses que se iniciaban con el equinoccio vernal, aproximadamente nuestro 21 de marzo, con la duración de un ciclo lunar. Sobraba un largo periodo entre el último mes, decembris, y el inicio del año siguiente de excaso interés para la agricultura que no contabilizaba el calendario. Se atribuye a Numa Pompilius, en torno al 713 a.C., el añadir los meses de enero y febrero y fijar la duración del mes en 30 días. Circunstancialmente se agregaba un mes adicional para ajustar el inicio del año, llamado mercedinus en referencia a pagos de rentas.
    Los nombres de los meses tal y como los conoció Julio César eran:

  • Martius, en honor a Marte.
  • Aprilis, del verbo aperire, en alusión a la apertura de la primavera.
  • Maius, por Maya, diosa de los cultivos, cuyas fiestas aún se celebran en muchos pueblos de Europa el primer día del mes.
  • Iunius, dedicado a Juno; unos pocos autores sostienen que deriva de iuniores, jóvenes, y “mayo” de maiores, mayores.
  • Quintilus, Sextilus, Septembris, Octobris, Novembris, Decembris.
  • Ianuarius, en honor a Jano.
  • Februarius, de las fiestas de purificación denominadas februa, antecesoras de nuestros carnavales.
  • La palabra “mes”, por cierto, deriva de mensis, medida.

    Respecto a la semana, sus nombres son más evidentes: los cinco primeros días se refieren a la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus. Los dos últimos se dedicaban a Saturno y el Sol, pero por influencia cristiana se adoptó “sábado” (sabath) y “domingo” (diem dominium, día del Señor). El orden se debe a una tradición astrológica egipcia que dedicaba cada hora a un planeta conocido según la distancia a la que se entendía que estaban, secuencia que da lugar a un ciclo de siete días iniciados con los nombres por los que se conocen.

    Las denominaciones sajonas de los nombres aún reservan el sábado para saturno y el domingo para el sol. No obstante, “martes”, “miércoles”, “jueves” y “viernes” derivan de Tyr, Woden (Odín, padre de Tyr), Thor y Freyja, correspondientes nórdicos de los dioses romanos.

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  • 24Jul

    De El tiempo en la historia, de G.J. Whitrow:
    Antes, los romanos habían intentado sincronizar su calendario civil, que como muchos calendarios antiguos estaba basado en la luna, con el año astronómico basado en el sol, adoptando un sistema que exigía un mes adicional o intercalado cada dos años. Como la duración de este mes no fue determinada por una regla precisa, se dejaba al criterio de los pontífices, quienes con frecuencia abusaban de su poder para fines políticos. Al manipular el número de días del mes que se intercalaba, podían prolongar el plazo de un cargo o adelantar una elección, lo que supuso que en época de Julio César el año civil estuviera unos tres meses desfasado con respecto al año astronómico, en virtud de lo cual los meses de invierno caían en otoño y el equinoccio de primavera tenía lugar en invierno.

    Aconsejado por el astrónomo griego Sosígenes, César ordenó que, para corregir esta anomalía, el año 46 constase de 445 días. Esto hizo que fuera denominado “el año de la confusión”, pero su objeto era poner fin a la confusión. También abolió el año lunar y el mes intercalado, y basó su calendario enteramente en el sol. Fijó el año verdadero en 365 días y 1/4, y al introducir el año bisiesto de 366 cada cuatro años, el año civil ordinario constaba de 365 días. Ordenó que enero, marzo, mayo, julio, septiembre y noviembre debían tener 31 días y el resto de los meses 30, excepto febrero que tendría normalmente 29, aunque 30 los años bisiestos. Por desgracia, el año 7 este correcto arreglo fue alterado por Augusto, al cambiar de nombre el mes sextilis [anteriormente el año comenzaba en marzo] por el suyo (creía que ése era su mes de la suerte) y asignarle el mismo número de días que el mes precedente, cuyo nombre había sido cambiado por el de su asesinado tío abuelo, Marco Antonio [No sé si es un error de traducción: por iniciativa de Marco Antonio se cambió el nombre del mes quintilis por julio, en honor a César]. Así pues, se arrebató un día a febrero y se pasó a agosto. Para evitar que se sucedieran tres meses de 31 días consecutivos, septiembre y noviembre se redujeron a 30 días y octubre y diciembre se aumentaron a 31. Para honrar al más sobresaliente de los emperadores romanos, se redujo un arreglo metódico a un ilógico embrollo que mucha gente encuentra difícil de recordar, pero que en el transcurso de 2000 años se ha impuesto con éxito en la mayor parte del mundo.

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  • 10Jul

    Transcribo a continuación un fragmento de El tiempo en la historia, de G. J. Whitrow:
    La base del calendario babilónico parece haber sido siempre lunar. El mes empezaba cuando la luna en cuarto creciente volvía a ser visible, por primera vez, después de la puesta del sol. En consecuencia, el día babilónico empezaba por la noche. Definido de esta manera, un mes lunar debía contener cierto número de días, pero a veces eran veintinueve, a veces treinta. [...]

    Por lo general, el año lunar comprendía doce meses, pero eso es menos que el año solar. Con el fin de evitar que las estaciones se desfasaran, se insertaba un decimotercer mes de vez en cuando, aunque no existió unn sistema regular para intercalar este mes adicional hasta el siglo V a.C., cuando empezaron a insertar siete de estos meses a intervalos regulares, en un ciclo de 19 años. Es probable que antes el estado de la cosecha decidiera la necesidad del mes adicional. El ciclo de 19 años se basaba en el descubrimiento de que 19 años solares son casi equivalentes a 235 meses lunares. Se conoce comúnmente por el nombre de ciclo metónico, por ser el astrónomo ateniense Metón quien lo introdujo en el año 432 a.C. [...] Se sabe que los doce signos del zodíaco, de 30 partes y de igual duración cada uno, se emplearon desde poco después del año 500 a.C. Con el tiempo, esta división del cielo se traspasó a la división del círculo y, de este modo, dio lugar a la costumbre actual de dividir el ángulo completo (bidimensional) alrededor de un punto en 360 grados.

    También debemos a los babilonios la semana de siete días, que no son sino los periodos asociados a las fases lunares, y las divisiones de la hora. Era costumbre que los cálculos que implicaban fracciones se realizasen en el sistema sexagesimal (probablemente debido al buen número de divisores de 60), lo que los llevó a introducir minutos y segundos cuya duración, que dependía de la de la hora, no era constante durante el año.

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