Calendario

Sábado, 23 de Agosto de 2014
por José Antonio Casares González
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El reloj de Baelo Claudia

En la ensenada de Bolonia (Cádiz) se encuentran las ruinas de la antigua ciudad romana de Baelo Claudia. La visita recorriendo el trazado de sus calles, entre lo que antes fueron templos, teatro, foro y factorías de garum, da una idea muy clara de cómo debió ser la vida cotidiana hace dos mil años en la zona. También los objetos rescatados, incluido un reloj de sol de los mejores conservados de la época Alto Imperial. La pieza se expone actualmente en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid. El reloj, de tipo esférico, fue construido en la ciudad de Roma durante el siglo I d.C. Está tallado en una única pieza de mármol y presenta varios elementos ornamentales, como las patas en forma de garras que lo sostienen. Una vez en Baelo Claudia, se piensa que debió ubicarse en una zona pública, posiblemente el foro.

Reloj de Baelo Claudia. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Reloj_solar_de_Baelo_Claudia

Reloj de Baelo Claudia. Fuente: Wikipedia.

La mecánica del scaphe hemisphaerium es muy simple: la luz entra por un agujero practicado en la parte superior del reloj y se proyecta en la superficie labrada en su interior (el limbo). Para lograr un haz más fino, el agujero está practicado en una pieza metálica que cubre la parte superior. Conforme el día avanza, el punto iluminado se desplaza de oeste a este, trazando el recorrido del astro de forma invertida sobre la hemiesfera. De ahí el nombre de “espejo” que se le daba a este reloj en época romana. Unas líneas verticales talladas en él determinan la hora solar: prima, secunda, tertia… Hay que recordar aquí que las horas romanas no tenían la misma duración durante todo el año, sino que dividían el periodo diurno en doce partes, de modo que en invierno eran mucho más cortas que en verano. Por otro lado, según iba transcurriendo el año, la altura del sol sobre el horizonte también variaba, estando a mediodía más alto en verano que que en invierno. De la misma forma que sucede con las horas, su proyección en el reloj también se desplazaba de forma especular. Por ello figuran en él tres líneas transversales que marcan el equinoccio y los solsticios.
Me he dejado para el final una última consideración. Los relojes de sol de este tipo dependen fuertemente de la latitud geográfica. Un reloj construido el Roma, como es el caso, presenta un error sistemático en las inmediaciones de Tarifa, con 5º de diferencia. Esto no debe sorprendernos, ya que la obsesión por la exactitud en la medida del tiempo es un vicio relativamente reciente en nuestras sociedades. Como muestra, la referencia de Plinio al primer reloj en Roma, que se mantuvo 99 años a pesar de dar una hora incorrecta por dicha razón.

Sábado, 19 de Octubre de 2013
por José Antonio Casares González
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El atentado frustrado de 1999

Uno de los sucesos más desconcertantes relacionados con el horario de verano tuvo lugar hace catorce años en Israel. La tarde del 5 de septiembre de 1999 dos coches bomba estallaban a la vez en lo que parecía una acción coordinada en las ciudades de Tveria y Haifa. Las víctimas fueron los propios terroristas que los transportaban y una mujer que resultó herida. Cuando se llevaron a cabo las investigaciones se descubrió que una confusión debida al cambio de hora había provocado la detonación anticipada de los artefactos.
El suceso aparece referido en múltiples medios y páginas de Internet, muchas veces relatado con sorna. Sus protagonistas merecieron aquel año uno de los premios Darwin, la versión cómica de los Nobel que galardona descubrimientos o acciones inútiles o ridículos. Y ciertamente cuesta evitar presentar el hecho de esta forma, aunque haremos aquí el esfuerzo de aclarar las circunstancias que provocaron este desenlace tan insólito.
La cuestión del horario de verano en Oriente Medio ha sido siempre un poco caótica, por la falta de acuerdo entre regiones tan cercanas a la hora de fijar las fechas de inicio y salida. A ello se suman las varias adopciones y retracciones de la idea y, en Cisjordania y la Franja de Gaza, el conflicto con Israel. Anotar además que la convivencia de diferentes calendarios agravan la confusión.
Israel, hasta el año 1992, cambiaba con frecuencia la duración del horario de verano, que igual podía durar tres meses que siete, o incluso cancelarse, al antojo del ministro de Interior. La ley que regulaba la medida se había impuesto durante el mandato británico de Palestina, y su pervivencia era controvertida. En el año 80 se había acordado una enmienda, pero no sirvió sino para introducir más indeterminación. Así, en el 92 se reemplazó por una nueva ley, que imponía un horario de verano obligatorio de al menos 150 días. Eso sí, ni fijaba duración máxima ni fechas de comienzo o fin. Éstas tenía que determinarlas anualmente el ministro de Interior y ser refrendardas por el comité de Asuntos Internos. La decisión se atascaba a veces y más de un año se resolvió en el último momento, provocando incluso la cancelación de vuelos con el país.
Por su lado, los territorios palestinos también siguen el horario de verano, pero su regulación anual depende de la Autoridad Nacional Palestina. En la época de la que hablamos se trataba de un gobierno muy joven, ya que se había formado en el 94 al amparo de los acuerdos de Oslo. Para entender mejor la confusión de horarios basta mirar el siguiente mapa, que representa en amarillo el territorio bajo control exclusivo la Autoridad Palestina y en rojo las áreas de control conjunto.

Territorios palestinos

Territorios palestinos. Fuente: Wikipedia

En este contexto resulta más fácil entender las circunstancias que llevaron al desenlace del atentado. Los artefactos fueron preparados en territorio palestino, donde regía el calendario de verano marcado por el tiempo estándar de Palestina. La detonación se fijó para el 5 de septiembre a las 18:30 PM. Hora palestina, por supuesto, que en ese momento coincidía con la de Tel Aviv. Los preparativos habían empezado a hacerse dos semanas antes de la fecha. Ese año, Israel abandonó el horario de verano el viernes 3 de septiembre. La decisión de adelantar la fecha se tomó en los días previos, algo bastante frecuente. En algún momento, las bombas pasaron de una zona a otra, desconozco si antes o después de que tuviesen lugar las deliberaciones de la cámara israelí. En algún punto de la cadena de intermediarios se confundió la cuestión de la diferencia horaria. Los últimos destinatarios desconocían quién había ajustado los temporizadores ni cuándo se había hecho, y estaban convencidos de que la detonación se había fijado para las 18:30PM hora israelí. Justo una hora antes, a las 17:30, cuando estaban transportando los coches hacia los objetivos, las explosiones tuvieron lugar, como comentaba al principio.

Domingo, 4 de Agosto de 2013
por José Antonio Casares González
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El día perdido de Juan Sebastián Elcano

El miércoles 9 de julio dimos en una de las tales [islas], la que denominan San Jacobo, y en seguida largamos la falúa a tierra, para avituallar. Con esta invención: decir a los portugueses que se nos había roto el trinquete bajo la línea equinoccial (callándonos que fue tan cerca del cabo de Buena Esperanza), y que, mientras reparábamos, nuestro capitán general, con las otras dos naves, había regresado a España.
Reiteramos a los de la falúa que, una vez en tierra, preguntaran en qué día estábamos; dijéronles los portugueses que jueves para ellos, y se maravillaron mucho, pues para nuestras cuentas era miércoles sólo y no podían hacerse a la idea de que hubiéramos errado. Yo mismo había escrito cada día sin interrupción, por no haberme fallado la salud. Pero, como después nos fue advertido, no hubo error, sino que, habiendo efectuado el viaje todo rumbo a occidente, y regresando al lugar de partida (como hace el Sol, con exactitud), nos llevaba el Sol veinticuatro horas de adelanto, como claramente se ve.

Quienes hayan leído La vuelta al mundo en 80 días habrán compartido el asombro de Phileas Fogg cuando descubre, al alcanzar Londres tras rodear la Tierra, que ha ganado un día en el trayecto. Julio Verne fue un genial escritor, y en muchos aspectos un visionario, pero no nos engañemos: a finales del XIX el artificio que usa para resolver la novela era un hecho de sobra conocido.
El texto que encabeza esta entrada es un fragmento del diario de Antonio Pigafetta, también llamado Lombardo por su origen, un geógrafo que acompañó a Elcano en su vuelta al mundo y ejerció de cronista en aquel viaje. Cuando la expedición de Magallanes desembarcó en 1582 en Santiago, una de las islas de Cabo Verde, se hizo a las claras que estaban viviendo lo que se ha dado en llamar la paradoja del circunnavegante. Por si algún lector no la conociera, intentaré dar una explicación adaptada a nuestros tiempos.
Imagine que toma un avión muy rápido que le permite dar la vuelta al mundo en unos pocos minutos. Usted sale, por ejemplo, de Madrid en dirección este y al cabo de un rato aterriza en la misma ciudad llegando desde el oeste. En el transcurso del viaje usted habrá podido ver cómo el sol se oculta hacia el oeste, igual que cuando atardece, y cómo vuelve a salir desde el horizonte opuesto, como cuando amanece. No habrán transcurrido 24 horas, desde luego, tan sólo ha sido usted quien ha dado esa vuelta a la tierra, en la misma dirección que el personaje de Verne. Si se deja llevar, no por su reloj, sino por el movimiento del sol, a usted le habrá dado la impresión de ver correr un día a toda prisa. Son los problemas que acarrea la hora solar. Más sorprendente aún será si hace el viaje en sentido contrario, en dirección oeste, como Pigafetta: verá el sol ponerse por el este y amanecer por el oeste, como si éste retrocediese en su trayecto diario. Sin llegar a estos extremos, lo hemos vivido un poco quienes hemos sufrido jet lag. El cronista de origen italiano no era tan veloz como nosotros viajando en avión; en su caso, cuando navegaban hacia poniente, los días eran un poco más largos de lo habitual, imperceptiblemente más largos, pero cada jornada le restaban un poco de camino en su carrera en pos del astro. De modo que cuando llegaron cerca de África, donde encontraron de nuevo población que compartía su calendario, creyeron haber perdido un día.
Esta razón es la que justifica la necesidad de un meridiano de cambio de fecha. Lo intrigante del relato de Pigafetta no es la incongruencia de la fecha, sino el revuelo que causó en Europa, máxime teniendo en cuenta que era un hecho ya conocido. En torno a 1140, el filósofo judío tudelano Yehudah Halevi consideraba en su Kitab al-Hujja waal-Dahl fi Nasr al-Din al-Dhalil (escrito en árabe) el problema de la observación del descanso sabático, y se enfrentaba a un dilema semejante al pretender que la celebración coincidiese en todas partes del mundo con Israel. Dos siglos después, el filósofo francés Nicole Oresme plantea en su Traitié de l’espere un problema con tintes relativistas en el que dos viajeros, Johannes y Petrus, rodean el globo navegando en sentidos opuestos y terminan descubriendo que tardan tiempos diferentes, a pesar de viajar a idéntica velocidad; en obras subsiguientes Oresme propone incluso el establecimiento del meridiano de cambio de fecha. Por ello me resulta extraño que quedando en la expedición de Magallanes-Elcano al llegar a Cabo Verde todavía pilotos con serios conocimientos de astronomía, como Francisco Albo o el mencionado cronista, recibiesen como sorpresa la incongruencia de fechas. Posiblemente, el instar con insistencia a los marineros a preguntar por ello fuera porque en el fondo albergaban alguna sospecha.