Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
El pozo rebosaba de luz brillante. Era como una inundación de luz. Ante esa claridad sofocante apenas pude respirar. La oscuridad y el frío fueron desterrados en un instante y los cálidos rayos del sol abrazaron dulcemente mi cuerpo desnudo. Incluso el dolor parecía haber sido bendecido por la luz. A mi lado estaban los huesos del pequeño animal. La luz del sol también iluminó cálidamente aquellos huesos blancos. Con aquel fulgor, incluso aquellos huesos funestos se convirtieron en un afable compañero. Pude ver la pared de piedra que me rodeaba. Bañado por aquel resplandor me olvidé incluso del pánico, el sufrimiento y la desesperación.
Haruki Murakami.
Esta entrada fue publicada por José Antonio Casares González el Lunes, 30 de agosto de 2010 a las 7:02 pm en la categoría Fragmentos.
Puede seguir los comentarios a esta entrada en RSS 2.0.
Puede dejar un comentario, o enlazarlo desde su sitio.