Archivo de la categoría ‘Historia’

Los Reyes Magos

Jueves, abril 29th, 2010

Las primeras representaciones de los Reyes Magos, halladas en templos del siglo III, muestran dos personajes. En catacumbas romanas del siguiente siglo aparecen dos, tres, cuatro, seis. Para las iglesias siria y armenia eran doce, como prefiguración de los apóstoles o representación de las tribus de Israel. La iglesia copta los consideraba sesenta y citaba los nombres de varios. Orígenes fija tres reyes ya a comienzos del siglo III, en consonancia con el número de dones presentados.
El texto de Mateo habla de magos; el sentido de la palabra es el de astrólogos, y sus prácticas estaban prohibidas por el Antiguo Testamento. En el siglo III el teólogo Quinto Septimio Florencio Tertuliano elude este problema afirmando que “nam et Magos reges habuit fore Oriens” (se ha sostenido que los Magos eran reyes de Oriente), al tiempo que le permite considerar retorcidamente como profecía el texto de Sal 72,10:

Los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos.

Debido a esto empieza a desaparecer en las representaciones de los magos el gorro frigio de los sacerdotes del dios Mitra, que pasa a sustituirse por una corona. Pese a ello, aún en el siglo VI encontramos en San Apollinare Nuovo (Rávena) mosaicos donde se representan con las vestiduras persas:

Los Reyes Magos

Los Reyes Magos

En el mismo mosaico se puede leer (parte superior, de izquierda a derecha, SCS abrevia sacratissimo) “SCS BALTHASSAR SCS MELCHIOR SCS GASPAR”.
Los cristianos griegos los llamaron Apellicon, Amerim y Serakin; los sirios Kagpha, Badalilma y Badadakharida; los etiopes Ator, Sater y Paratoras… Sus nombres parecen arbitrarios y no son adoptados sino tardíamente, si no aceptamos el evangelio apócrifo de Santiago, redactado desde los siglos II a IV, que describe lo siguiente en 5, 10:

Y, al mismo tiempo, un ángel se apresuró a ir al país de los persas, para prevenir a los reyes magos, y para ordenarles que fuesen a adorar al niño recién nacido. Y ellos, después de haber sido guiados por una estrella durante nueve meses, llegaron a su destino en el punto y hora en que la Virgen acababa de ser madre. Porque, en aquella época, el reino de los persas dominaba, por su poder y por sus victorias, sobre todos los reyes que existían en los países de Oriente. Y los reyes de los magos eran tres hermanos: el primero, Melkon, que imperaba sobre los persas; el segundo, Baltasar, que prevalecía sobre los indios; y el tercero, Gaspar, que poseía el país de los árabes. Habiéndose reunido por obediencia al mandato de Dios, se presentaron en Judea en el instante en que María había dado a luz. Y, habiendo apresurado su marcha, se encontraron allí en el tiempo preciso del nacimiento de Jesús.

El las representaciones de las que se ha hablado no aparece ningún rey negro, ni la apariencia física se corresponde con las edades aproximadas que hoy se les asigna. Respecto a lo primero, Beda el Venerable hace moreno a Baltasar a comienzos del siglo VIII: “El primero de los magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba (…) fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole el incienso, símbolo de la divinidad. El tercero llamado Baltasar, de tez morena”. Sólo en el siglo XVI se le hace negro completamente, a partir de una identificación de los reyes con los tres hijos de Noé, que a su vez vendrían a representar las razas pobladoras de las tres partes del mundo. Los europeos (herederos de Jafet) ofrececían al niño según esta visión oro, los semitas (Gaspar) le darían incienso de Asia, y los africanos (Cam), mirra. En el siglo XV Petrus de Natalibus había establecido que Melchor debía tener sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte.
La celebración de la Epifanía el 6 de enero se debe a disposición de la Iglesia en el siglo IV, fecha en la que la iglesia armenia originariamente, y aún hoy las iglesias orientales, fijan el nacimiento de Cristo.

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La muerte de Antonio Gaudí

Martes, abril 13th, 2010

Una de las muertes más revestidas de patetismo entre personajes conocidos es la de Antonio Gaudí. El arquitecto caminaba la tarde del 7 de junio de 1926, a eso de las seis, por Barcelona. Entre las calles Gerona y Bailén se asustó al ver venir hacia él un tranvía y, con objeto de evitarlo, se echó para atrás. Con tan mala fortuna que lo atropelló el tranvía que venía en sentido contrario. Éstas al menos fueron las declaraciones que el conductor hizo después. Pero en aquel primer momento de confusión todos los presentes, tanto viandantes como maquinista, decidieron por su aspecto desaliñado que se trataba de un mendigo y lo abandonaron a su suerte en la calle. Por aquel entonces Gaudí contaba con 74 años y hacía tiempo que solía vestir con hábito negro. La manufactura de sus sandalias era propia. El conductor lo apartó a un lado y siguió su camino. Cuando al fin lo llevaron al Hospital de La Santa Creu, de beneficencia, el arquitecto deliraba. No llevaba documentación, y en la ficha no acertaron otro apellido que Sandí. Al cabo de varias horas se lo consiguió localizar, pero aún entonces, según opina Juan José Navarro Arisa en “Gaudí. El arquitecto de Dios”, no fue sino para empeorar las cosas: su acelerado entablillamiento del tórax pudo haber acelarado su muerte. Al parecer, Antonio Gaudí daba largos paseos cada día, pues era reacio a montar en vehículos.

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Genios y figuras

Sábado, marzo 27th, 2010

Con objeto de servir de referencia para dilucidar cuánto hay de verdad en rumores extendidos se elabora la página www.snopes.com y, como suele suceder en casos semejantes, resultan más sorprendentes los hechos reales que las leyendas urbanas. Su contenido es demasiado extenso, de modo que sólo comentaremos uno de los apartados: artistas muertos en el escenario. Abundan los infartos y las caídas, pero hay algunos casos que resultan extremadamente originales. Así, Johnny Ace, estrella del rhythm and blues, perdió en una partida a la ruleta rusa que decidió jugar en el intermedio de un espectáculo en 1954. El guitarrista principal de la banda Stone the Crows, Les Harvey, murió por electrocución al pisar unos cables con los pies mojados en el Swansea’s Top Rank Ballroom en 1972. Este último es un cese bastante común entre músicos: lo acompañan John Rostill, que falleció un año después tocando con los Shadows -eso sí- en el estudio; Mal Evans, uno de los Yarbirds, cuya guitarra hizo en el 76 contacto con una estufa eléctrica defectuosa; y varios más. Si volvemos a los escenarios, dos actores, Antony Wheeler en 1997 y Renato Di Paolo en 2000, se ahorcaron accidentalmente al representar el papel de Judas.
Una actitud justamente contraria a la presente en estas páginas, la de despojar de dramatismo la muerte, llevó a Chris Chubbuck el 15 de julio de 1974 a, ante un problema técnico en la emisión de las noticias matinales, anunciar lo siguiente:
“En consonancia con la política del Canal 40 de hacerles llegar lo último en sangre y tripas a todo color, van ustedes a ver otro intento de suicidio en primicia”.
Tras lo cual se disparó en la cabeza, y murió antes de terminar el día.

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La muerte de Sherwood Anderson

Lunes, marzo 8th, 2010

Sherwood Anderson fue un escritor norteamericano de cierta popularidad en los años 20 y 30 del siglo XX. Murió el 8 de marzo de 1941, cuando contaba con 64 años, durante un viaje de visita a Panamá. Había estado en una fiesta de cocktail en Colon, en el Canal, donde decidió picar un entremés, con tan mala fortuna que no se percató de que lo estaba tomando sin quitarle el mondadientes. A causa de esto sufrió una peritonitis que le llevó a la muerte.

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La muerte de Claude François

Lunes, febrero 22nd, 2010

Claude François, el autor de “Comme d’habitude”, decidió la tarde (a eso de las tres) del día 11 de marzo de 1978 tomarse un baño en su apartamento en el número 46 de Boulevard Exelmans. Había llegado hacía poco de Suiza, donde había realizado un programa especial de televisión e iba a salir camino de otra grabación. En el piso vivían con él una novia africana llamada Kathleen y su secretaria francesa. Una vez hubo terminado de ducharse se dio cuenta de que estaba fundida una bombilla situada sobre la bañera. Decidió quitarla y, sin sacar siquiera los pies del agua, la alcanzó. Se electrocutó y falleció al instante.

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