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La ley de Titius

Domingo, abril 19th, 2009

En 1768, el astrónomo Johann Bode publicó su Manual de instrucciones para el aprendizaje de los cielos estrellados, con el que daba a conocer su famosa ley por la cual los planetas se deben encontrar a una distancia del Sol determinada por la fórmula:
d=0’4+0’3·k
donde la unidad representaría la distancia de la Tierra al Sol y k es una sucesión compuesta por el número 0 y las potencias de 2. Hay que aclarar que, aunque tradicionalmente se ha llamado ley, nunca ha dejado de ser una conjetura. Servía para explicar bastante adecuadamente las distancias de los planetas en dicho momento, a excepción de un hueco existente entre Marte y Júpiter. Ese hueco quedó relleno en 1801, cuando Giusseppe Piazzi localizó Ceres, al que más tarde siguieron los demás asteroides que componen el cinturón. Años antes, Herschel había descubierto el que sería octavo elemento de esta regla: Urano. Cuando Bode murió en 1826, lo hizo satisfecho de su hallazgo.
Urano es un planeta inquietante: su eje está inclinado 90º, recostado digamos sobre la órbita; pero sus satélites giran en el plano de ésta, con lo cual van de norte a sur. Casi un siglo antes de conocerse, había sido observado por Flamsteed, que lo confundió con una estrella y decidió llamarlo 34 Tauri. Le Monier llegó a anotar su posición, cambiante, en ocho ocasiones a lo largo de un mes, y tampoco lo tomó por un planeta. Pronto se vería que la órbita era irregular, y en 1846 Le Verrier calculó la posición de lo que según él era un objeto nuevo que lo estaba perturbando. Neptuno fue hallado en sólo una hora por DÂ’Arrest, el estudiante al que el astrónomo Galle encargó el trabajo que Le Verrier le había solicitado.

Neptuno

Neptuno

Neptuno da al traste por completo con la ley de Bode, que predecía una posición cercana a la de Plutón. Mejor dicho, a su distancia media, pues el que durante un tiempo fue considerado noveno planeta tiene una órbita tan excéntrica que se halla a veces más cerca del Sol que era su predecesor. Los demás planetas enanos, a excepción del mencionado Ceres, tampoco se ajustan a dicha fórmula.
La breve historia que he contado está llena de usurpamientos, verdaderos o indeterminados, de autorías de los descubrimientos: John Couch Adams decía haber llegado antes a las conclusiones de Urban-Jean-Joseph Le Verrier, Whipple se adelantó a Kuiper, cuando Hershel determinó que Urano era un planeta se había visto, como se ha comentado, una veintena de veces, etc. Pero Bode era abiertamente un estafador: de 20 objetos nebulares que publicó en 1775, 17 habían sido catalogados por otros astrónomos; 75 de los que componen su Catálogo Completo de Cúmulos y Nebulosas Estelares jamás observadas hasta el momento no existen, y el resto lo tomó de catálogos por confirmar; etc. Y así, la misma ley de Bode, al parecer, fue un hallazgo de Johann Daniel Titius, que se la confió sin saber el nombre por el que finalmente se la conocería.

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Plutón

Lunes, abril 13th, 2009
Plutón

Plutón

A Clyde Tombaugh lo había contratado el observatorio Lowell para un trabajo que parecía extravagante. Tras el descubrimiento de Neptuno, los astrónomos percibieron que tanto su órbita como la de Urano presentaban pequeñas irregularidades que había que atribuir a un nuevo cuerpo celeste. Era el siglo XIX, estaba reciente el hallazgo de estos dos planetas, y una fiebre animó a muchos a la búsqueda del que debía ser noveno del Sistema Solar. Entre otros, uno de los mayores contribuyentes a la fantasía de que Marte está habitado por seres inteligentes, Percival Lowell, que durante años se había dedicado a cartografiar inexistentes canales de su superficie. Cuando comenzó su búsqueda del Planeta X estaba muy dañada su imagen como astrónomo, y no había podido mejorarla al morir en 1916. Tales esfuerzos sin recompensa hicieron pensar a Pickering que su órbita podía ser muy elíptica. En realidad, es tan excéntrica que lo hace estar en ocasiones más cerca del Sol que el propio Neptuno e inclinada nada menos que 17º con respecto al plano en el que los demás planetas orbitan. Estas razones, además del descubrimiento de nuevos objetos transneptunianos difíciles de asimilar en las categorías clásicas, motivaron la recalificación de Plutón como planeta enano en 2006.
Pues bien, en 1929 el director del laboratorio Lowell decidió contratar a Tombaugh, de 22 años, para la fatigosa tarea de fotografiar y comparar el cielo noche a noche en busca de un Planeta X que a la postre, tenía un brillo más de cien veces inferior al previsto, y cuyo escaso peso no podía producir las perturbaciones que motivaron su búsqueda. Su bautizo siguió la tradición de designar a los planetas con nombres de dioses y, ya que Neptuno y Júpiter estaban en la cohorte y Plutón debía ser el más remoto y oscuro, parecía la elección adecuada. El que sus dos primeras letras sean las iniciales de quien tantos años dedicó a su búsqueda resultó una inesperada coincidencia.

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