Bagatela

Lunes, 10 de noviembre de 2014
por José Antonio Casares González
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Paraíso inhabitado

Allá arriba la noche iba apagando suavemente los brillos de la piedra y, por el contrario, allá abajo, bajo la zarpa del león, se encendía la ciudad, que me atemorizaba. Desde allí arriba, abrazada a Gavi, creía oír voces amenazantes, que hablaban de malas gentes, de un mundo que se abría más allá de cuanto había llegado a conocer, y sentí el vértigo de mi ignorancia, tuve conciencia de cuanto me estaba vedado saber, de cuanto existía más allá del piso de zonas nobles y zonas innobles. Seguramente el mundo y la vida eran mucho más complejos e incomprensibles que las atroces noticias de conventos incendiados, de malas gentes que daban palizas a la Emperatriz de la China, de niñas de piernas gordas robando meriendas y dando pelotazos, e incluso de novios bandidos, Isabeles y siameses. Fue sólo un relámpago, viendo el brazo y la mano de Gavi levantada hacia la ventana del cielo. Como un deslumbramiento al que sucedió una sensación de bienestar, esponjosa, casi alegre. Apoyé la cabeza en el hombro de Gavi y dije:
-El castillo de los siameses.
-Sí, el trozo de castillo que olvidaron llevarse…

Ana María Matute.

Miércoles, 11 de junio de 2014
por José Antonio Casares González
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Anatomía de un instante

En el fondo Milans tenía razón (como la tenían los ultraderechistas y los ultraizquierdistas de la época): en la España de los años setenta la palabra reconciliación era un eufemismo de la palabra traición, porque no había reconciliación sin traición o por lo menos sin que algunos traicionasen. Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo lo hicieron más que nadie, y por eso muchas veces se oyeron llamar traidores. En cierto modo lo fueron: traicionaron su lealtad a un error para construir su lealtad a un acierto; traicionaron a los suyos para no traicionarse a sí mismos; traicionaron el pasado para no traicionar el presente. A veces sólo se puede ser leal al presente traicionando el pasado. A veces la traición es más difícil que la lealtad. A veces la lealtad es una forma de coraje, pero otras veces es una forma de cobardía. A veces la lealtad es una forma de traición y la traición una forma de lealtad. Quizá no sabemos con exactitud lo que es la lealtad ni lo que es la traición. Tenemos una ética de la lealtad, pero no tenemos una ética de la traición. Necesitamos una ética de la traición. El héroe de la retirada es un héroe de la traición.

Javier Cercas.

Miércoles, 30 de abril de 2014
por José Antonio Casares González
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Congreso de futurología

-Amigo Tichy, desde hace medio siglo la cultura ya no se desarrolla tan impetuosamente. En el siglo XX un tal Dior marcaba los cánones de la moda en el vestir. Hoy, esa regulación abarca todas las esferas de la vida. Si consiguen votar el detachismo, dentro de unos años cada individuo considerará vergonzoso e indecente el poseer un cuerpo blando, sudoroso y peludo. El cuerpo es necesario lavarlo, bañarlo, cuidarlo y aun con eso se corrompe, mientras que gracias al detachismo es posible conectarse las más hermosas maravillas del arte ingenieril. ¿Qué mujer no querrá unos iodos plateados en vez de ojos, unos senos telescópicos, unas alas de ángel, unas pantorrillas radiantes y unos talones que a cada paso dejen oír un son melodioso?

Stanislaw Lem.

Domingo, 3 de febrero de 2013
por José Antonio Casares González
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El asombroso viaje de Pomponio Flato

-Pobre hombre: hambriento y cansado en tierra extraña.
Miro a mis pies, de donde parecen provenir estas palabras y veo un cuervo con un pedazo de queso en el pico. En aquel momento se le acerca sigilosa una zorra, ladea la cabeza y dice:
-No te dé pena. Él mismo se ha buscado su infortunio. Es un filósofo.
-A lo mejor -replica el cuervo- no sirve para otra cosa.
-Un parásito -dice la zorra-. Su muerte no hará mal a nadie. Ahora, si tanta compasión te inspira, dale tu queso, amigo cuervo, y veamos si esto le reanima.
-Tú siempre quieres privarme de mi queso -protesta el cuervo.
Los dos animales se quedaron un rato en silencio y finalmente el cuervo preguntó a su compañera:
-¿Y si en vez de darle el queso le doy por el culo?
-¿Cuándo se ha visto a un cuervo hacer tal cosa? -dijo la zorra.
-Todo es empezar -repuso el cuervo.
-Espera -dijo la zorra-, tengo una idea mejor. Vamos a proponerle un acertijo. Di, Pomponio, ¿qué está sobre el hombre y bajo el hombre, antes de la vida y después de la muerte?

Eduardo Mendoza.

Sábado, 11 de agosto de 2012
por José Antonio Casares González
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Océano mar

-No quiero cascadas, Edel, sino la paz de un lago, no quiero encinas sino abedules, y esas montañas del fondo deben convertirse en colinas, y el día, en atardecer; el viento, en brisa; las ciudades, en pueblos; los castillos, en jardines. Y si no queda más remedio que haya halcones, que al menos vuelen, y muy lejos.
Sí, lo comprendo. Sólo una cosa: ¿y los hombres?
El barón permanece callado. Observa a todos los personajes del enorme tapiz, uno a uno, como si estuviera escuchando su opinión. Pasa de una pared a otra, pero ninguno habla. Era de esperar.
-Edel, ¿hay algún modo de conseguir hombres que no hagan daño?

Alessandro Baricco.